Fueron muchas las veces en que los venezolanos creímos que “sí pasaría”, que el chavismo sería derrocado.
En 2002 todo fue un completo engaño. En 2005, la oposición demostró ser una farsa. En 2007 le ganamos a Chávez, pero ya era tarde: ya estábamos en dictadura. En 2013, la falsa oposición no defendió ningún voto y se acostó con el chavismo, una vez más. En 2014, 2017 y 2019 nos jugamos la vida, y la falsa oposición nos vendió a cambio de cuotas políticas y del dinero de la ayuda humanitaria.
Durante todos esos años, la idea de “una transición” siempre estuvo en boca de lo que yo llamo la cúpula política veneca, integrada por los partidos de izquierda en Venezuela que todos conocemos muy bien y a la que debemos jurar erradicar de nuestras mentes y extinguir del ámbito político nacional.
Pero luego llegó la verdadera transición: el 3 de enero de 2016.
La Intervención Militar
Yo recuerdo con lujo de detalles todas las veces que nos llamaron “locos” y “radicales” por pedir ayuda militar extranjera. En 2014, la necesidad de una intervención militar fue más que evidente. En 2019, en ideasdelibertad.com se publicó el “Plan Jaque Mate a Maduro”, escrito por @jcsosazpurua, y el plan para la transición, escrito por @RobertoSmithP, titulado “Orden, seguridad y defensa: cómo ganar la paz luego de la caída de Maduro”. Ambos artículos detallaron lo que hoy ocurre.
No había otra forma de enfrentar al chavismo que con una fuerza militar más grande y más fuerte que la de ellos. El 3 de enero quedó demostrado que tampoco se necesitaba mucho: ocho helicópteros y una buena operación planificada fueron suficientes para evidenciar que toda la “fuerza militar chavista” no es más que de cartón y que la razón por la que se han mantenido en el poder es porque desarmaron a los venezolanos y abusaron de ese monopolio de las armas. Incluso Diosdado Cabello lo reafirmó hace poco en un video desde la Plaza O’Leary, en Caracas. Pero llegó la salvación: Estados Unidos de América y el presidente Donald Trump.
La Operación Resolución Absoluta fue un éxito y consiguió lo que los venezolanos no pudimos por cuenta propia: poner al chavismo de rodillas y obligarlo a obedecer a Estados Unidos en todo.
Hoy, gracias a Estados Unidos, a Donald Trump, a Marco Rubio —y no a la falsa oposición— vemos a Diosdado Cabello emocionalmente destruido, a Vladimir Padrino López actuar como coach motivacional de una FANB a la que no dejan de temblarle las piernas desde el 3 de enero, y a los hermanos Jorge Rodríguez y Delcy Rodríguez tratando de salvar sus pellejos.
Estados Unidos gobierna Venezuela
Primero que nada, debemos estar claros en algo: Venezuela no está “a la deriva”, sino que Estados Unidos ha articulado un enfoque de tres fases para el país tras los eventos del 3 de enero de 2026 —un plan que ya ha sido expuesto públicamente por el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. Ese esquema busca la estabilización, la recuperación y la eventual transición hacia un sistema democrático, aunque los detalles y la implementación real siguen en desarrollo.
Los venezolanos debemos seguir atentamente tanto a Marco Rubio como al presidente Donald Trump, porque su administración está marcando la política exterior de Estados Unidos respecto a Venezuela desde el 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses intervinieron y cambiaron el equilibrio de poder en el país según informes públicos.
Sé que la gente tiene memoria de corto plazo y que el efecto TikTok hace que las personas se distraigan en quince segundos, pero el mismo 3 de enero Trump afirmó en rueda de prensa que Estados Unidos planeaba supervisar la transición en Venezuela “hasta que sea seguro el traspaso de poder a una Venezuela democrática”. Aunque las declaraciones completas varían según la fuente, ese lenguaje sobre transición y supervisión aparece en varias transcripciones públicas de ese día.
Las primeras palabras de la encargada de negocios de Estados Unidos para Venezuela, Laura Dogu, también reflejaron ese enfoque: según reportes, el gobierno estadounidense está centrado en trabajar por la estabilidad política y seguridad, la recuperación económica y una eventual transición política en Venezuela, en línea con el plan de tres fases expuesto por Rubio.
En una entrevista reciente, Marco Rubio argumentó que el gobierno previo de Venezuela era ilegítimo y reiteró que la administración estadounidense tiene un plan para manejar el país tras la caída de ese liderazgo. Esa idea gira en torno a evitar que la nación caiga en caos o en manos de grupos armados paramilitares, y a la vez promover condiciones para una futura democracia estable.
Lo que debemos hacer los venezolanos
Hay una sola fuente de información oficial sobre esta transición en Venezuela: la administración de Donald Trump.
No caigamos en las manipulaciones de la cúpula política veneca, integrada por los partidos de la Cuarta República, que solo buscan pescar en río revuelto para seguir conservando sus miserables cuotas de poder político, esas de las que han vivido durante estos 27 años de chavismo.
Las transiciones normalmente no duran más de 15 a 18 meses, y muy seguramente Venezuela no será la excepción. Trump tiene muchas razones para acelerar el paso, no solo por intereses económicos, sino principalmente por intereses políticos. Pero tampoco hay que acelerar el proceso hasta el punto de que se salga de control y el remedio termine siendo peor que la enfermedad.
Es cierto que las tres fases del plan para Venezuela pueden solaparse, pero no corramos a madrugar unas elecciones cuando Jorge Rodríguez, el máximo artífice de la estafa electoral en Venezuela, es el segundo al mando del chavismo. Trump lo dijo varias veces en su rueda de prensa el 3 de enero, luego de la captura de Maduro: “No queremos hacer las cosas mal y que el poder quede en manos de alguien que no quiere lo mejor para Venezuela”.
Los venezolanos debemos jurarnos que haremos todo lo posible para que el poder no quede en manos del chavismo, pero tampoco en manos de la cúpula política veneca que nos usó, nos traicionó y nos vendió durante todos estos años para seguir ellos en el poder junto al chavismo, mientras el resto del país era masacrado por las FANB, por los colectivos, por la hambruna y por una crisis humanitaria intencionalmente inducida por los socialistas, al mismo tiempo que huíamos de nuestro país como única alternativa para sobrevivir.
Tenemos que comprometernos con nosotros mismos: lo que apoyaremos para Venezuela será este plan de tres fases propuesto por Estados Unidos; preferiremos que ellos gobiernen el tiempo que sea necesario; que sean Donald Trump y Marco Rubio quienes den las órdenes al chavismo; y que, cuando llegue nuestro momento de elegir, no le entregaremos el poder a ningún socialista, a ningún socialdemócrata de la Cuarta República ni a ningún integrante de la cúpula política veneca que ha hecho metástasis desde 1999 hasta hoy.
Debemos ser radicales en esto: lo que queremos para Venezuela es capitalismo, ahorro y trabajo duro. El socialismo y la socialdemocracia, que se los queden los izquierdistas venecos.



