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Empresas publicas son de todos

Si la propiedad es «pública», ¿Todos somos dueños?

Jose Miguel

Jose Miguel

Antes de conquistar el poder, debemos conquistar los medios, por eso fundé esta revista y no un movimiento estudiantil. Estas son mis cuentas de Twitter @JoseMiguel_PG y @JP7___
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Los políticos, especialmente los tercermundistas, suelen atacar la idea de la propiedad privada, con un término manipulador y que se ha vendido muy bien dentro de la sociedad mundial: la propiedad pública.


 
¿Prefieres escuchar? Aquí en podcast:


Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

 

«¡Ahora es de todos!», gritan los populistas para referirse a empresas e industrias en manos del Estado. Algunos las llaman «empresas públicas», otros «empresas nacionales», mientras que los únicos que las controlan son un grupito de burócratas conectados al poder del momento.

En Twitter escribí:

Quizás las muy pocas cosas que podríamos llamar «públicas» en este mundo, son algunas plazas, una que otra infraestructura como carreteras y avenidas y algunas montañas y playas, pero todo lo que no es de propiedad privada hoy día, alguien más es «el dueño»: el Estado.

Si el Estado es dueño, ¿Significa que todos entonces tenemos derecho a eso? Nada más inocente y desubicado que creer que aquello que el Estado controla, «nos pertenece a todos», porque si hay una institución que practica la discriminación negativa y trata a la gente como animales de la calle es -precisamente- el gobierno.

Basta con que hagamos el ejercicio mental de pensar en qué tantos beneficios recibimos de que el gobierno sea dueño de la industria eléctrica, del suministro de agua potable, de recursos naturales como el petróleo, el gas o el oro. ¿Cuándo nos llega el cheque de beneficios sobre las ganancias?

Algunos dirán que «llega a través del subsidio» o «en precios más bajos», pero si es que para que el Estado ofrezca subsidios lo tiene que hacer apelando a la impresión de dinero y a la deuda pública, lo que termina en inflación y -por ende- en costo de la vida más caro cada día para nosotros.

Los políticos saben que cuando salimos de compra, solo miramos el precio en el cartelito, es decir, somos sensibles a lo que vamos a pagar en el momento y miopes cuando se trata de ver más allá del beneficio de corto plazo.

Pagamos por «lo que es de todos nosotros» con tantos métodos de pago como el efectivo devaluado, la inflación galopante, la deuda pública y nuestro tiempo, que queda en evidencia que no somos dueños de nada si es el Estado el que es dueño de las empresas e industrias.

Y es que el gobierno es la institución que más discrimina en el mundo, amparada -además- en la ley. Los políticos y los funcionarios públicos se comportan como verdaderos patanes con la gente, cuando administran o tienen cargos de poder en empresas e industrias Estatales.

A ninguno nos llega una carta para preguntarnos qué opinamos sobre la gestión o quién debería ser el ideal para cada cargo en la organización, estás posiciones se deciden a dedo y obedecen a favores e intereses políticos.

Pero nada más falso que creer que algo que está en manos del Estado «nos pertenece», y nada más tonto que creer que algo que «es de todos», pueda funcionar si no tiene dolientes, gente que esté arriesgando para que eso funcione porque le importa y le cuesta.

La propiedad pública no existe, porque la propiedad tiene que ser de alguien y si es del Estado, entonces es de los políticos, pero si es privada, podría ser tuya.

Cierro con esto:

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