La pregunta que resuena últimamente es qué va a pasar con Venezuela una vez lleguemos al punto de elecciones. Si bien es cierto que todavía queda mucho camino por recorrer, la clase política venezolana (Acción Democrática, COPEI, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, entre otros) ya está prendiendo su maquinaria para buscar regresar al poder.
Pero lo que debe quedarnos claro es que personas como Ramos Allup, Delsa Solórzano, Julio Borges, Leopoldo López, Juan Guaidó, Freddy Guevara, Miguel Pizarro representan a una clase política podrida. No solo antes de Chávez promovían ideas colectivistas (AD y COPEI), sino que durante Chávez y Maduro se vieron comprometidos en complicidad, negocios e incluso uniones familiares.
Esta clase política representa lo mismo que el chavismo; no son diferentes en nada, y prueba de ello son las ansias de llegar al poder hoy por hoy. No desean cambiar las instituciones ni sanear el Estado. Lo quieren tal cual, y como está, porque les funciona para gobernar como quieren.
Entendiendo esto, ¿qué opciones nos quedan? Seguramente los liberales más puristas dirán que no hay nadie y que deben los liberales o la “derecha” venezolana formar su propio partido. Pero la realidad es que los tiempos no dan y que las ideas liberales aún no han sido comprendidas por muchos venezolanos.
Sin embargo, María Corina Machado representa en este momento las ideas más liberales que uno podría esperar en la política. De hecho, en escenarios como Europa seguramente ya hablarían de ella como una “ultraderecha”.
No es que sea la mejor liberal, pero lo esencial aquí es que está más cerca de nuestros ideales de lo que podría estar cualquier otro político, viejo o nuevo, dentro de Venezuela.
El manifiesto escrito por María Corina a principios de año muestra claridad en ideas y principios liberales. En sus últimos discursos, conferencias y entrevistas ha dejado claros principios liberales —o incluso, si se quiere, de derecha (enmarcando la derecha como liberalismo y conservadurismo)—. Expresamente ha dicho que para que Venezuela sea libre y próspera deben existir instituciones fuertes, libre mercado, propiedad privada y libertad individual.
El derecho a ser libre es un principio fundamental, y ella lo ha dejado claro como parte esencial de la Venezuela del futuro: una Venezuela próspera y democrática que todos queremos.
El escenario venidero en el país nos va a mostrar que los purismos académicos no tienen validez en la política, y menos aún en un país donde la “oposición” siempre ha sido cómplice de un régimen de izquierda.
Esto no significa que uno no deba ser crítico o tener diferencias con ella; de hecho, esto es fundamental. Porque la parte crítica que define el futuro del país se encuentra en estas primeras fases y en quien gobierne luego de acabado el chavismo. Por eso se trata de pensar como estratega, no como purista o crítico. Se trata de ser pragmático y funcional hacia lo ideal, no hacia lo indeseado, que sería dejarle la puerta abierta para que el chavismo regrese.
Seguramente muchos dirán: “Pero ¿qué hablas? ¿Cómo crees que va a regresar el chavismo? ¡Eso es imposible¡”. Antonio Noriega, el dictador que Estados Unidos depuso de formas similares a Maduro, pertenecía al Partido Revolucionario Democrático (PRD), un partido de izquierda. Seguro en 1990, cuando le preguntaron a algún panameño si el PRD volvería a gobernar, habría dicho que no. Pero en 1994 el PRD regresó al gobierno.
Por eso, en política nada es imposible. Pero el momento de debatir quién es más liberal o más de derecha no tiene sentido si lo que se busca es crear condiciones que favorezcan el crecimiento de las ideas de libertad. Esto no quiere decir que no haya que ser crítico, especialmente con individuos que rodean —o que parecen pertenecer al círculo íntimo de María Corina Machado—, personas que en el pasado fueron parte de la oposición y que tuvieron su cuota de complicidad con la llamada “Unidad”, o que incluso ocuparon cargos políticos y actuaron más a favor del chavismo y de las ideas colectivistas que de las ideas de la libertad.
Pero lo cierto es que hoy por hoy, en la política venezolana, no hay mejor aliada para las ideas de la libertad que ella. El idealismo no funciona en estos momentos cuando el tablero político del país está desbalanceado ideológicamente. Sin embargo, tenemos una gran ventaja, construida durante años de coherencia (mayoritariamente) por parte de MCM.
Las encuestas dicen que mantiene un 67% de aprobación y que, de ir a elecciones, ganaría por mayoría. Esto quiere decir que atacar por atacar o caer en el purismo ideológico solo va a acortar esa brecha y darle ventaja a la izquierda venezolana, la cual, cuando de obtener el poder se trata, sabemos que es capaz de unirse y dejar sus diferencias con tal de lograrlo.
Esto sería perjudicial para todos. Por eso, María Corina Machado en estos momentos es la opción más liberal que tenemos, a pesar de sus contradicciones y a pesar de personas que generan dudas. Su victoria sería una victoria para la libertad, y realmente lo que tenemos que hacer es señalar individualmente a quienes han sido cómplices de ideas colectivistas en el pasado.
Hay que saber comprender los tiempos. Quizás es momento de ser pragmáticos y dejar el purismo a un lado, pues si se fundan las bases de una nueva Venezuela debemos asegurarnos de que estén basadas en principios liberales: instituciones fuertes, Estados pequeños, libre mercado, respeto a la propiedad privada, la vida y la libertad individual.
Luego de eso, habrá tiempo suficiente para ver quién es más de “derecha” y filosofar sobre el verdadero sistema de libre mercado que debe existir.


