Muchas personas en la red social X me han pedido que los actualice sobre la situación y las condiciones actuales de Venezuela. Quieren saber si está mejor o peor que antes de que Estados Unidos entrara con 8 helicópteros enviados por Donald Trump y Marco Rubio para bombardear Caracas y capturar al usurpador.
Le he preguntado a personas que viven dentro de Venezuela; he estado leyendo opiniones de cientos de venezolanos en redes sociales y monitoreando los movimientos y declaraciones tanto de Delcy Rodríguez y el chavismo restante como las de Donald Trump y Marco Rubio.
Esta es una actualización sobre Venezuela luego del 3 de enero de 2026, enfocada en tres áreas: emocional, económica y política.
Venezuela en lo emocional
Después del 3 de enero de 2026, la alegría del venezolano volvió no solo a su rostro y a su mirada, sino también a su espíritu, junto con un profundo agradecimiento a los estadounidenses y al presidente Donald Trump. Los venezolanos somos conocidos por el famoso dicho “al mal tiempo, buena cara”, un detalle que nos ha jugado a favor y también en contra. Pero no podemos negar que los venezolanos estábamos emocionalmente destruidos.
Veintisiete años viviendo bajo un régimen comunista con políticas socialistas que convirtieron a una nación con mucho potencial en un país con la peor crisis humanitaria que ha conocido el continente americano mermaron la felicidad y la alegría del venezolano hasta su mínimo histórico. Sumado a esto, todo el tema de los migrantes venezolanos en el mundo, pero especialmente en Latinoamérica y Estados Unidos entre 2021 y 2025, golpeó a los venezolanos emocionalmente hasta un punto de quiebre.
La narrativa de la administración Trump sobre Venezuela en 2025 fue muy intensa. Aunque hoy entendamos por qué y lo agradezcamos, no podemos negar que fue un año muy duro. Luego del 3 de enero de 2026, ese momento agridulce quedó en el pasado.
Los venezolanos dentro del país con quienes he conversado afirman que las personas caminan con una alegría que les brota por los ojos, que se vive una especie de esperanza colectiva de que Venezuela “está mejor” y que estará mejor.
En redes sociales esto también es muy notorio. Luego de las elecciones del 28 de julio de 2024, la persecución y la represión política fueron muy intensas, y el venezolano entró en un estado de miedo masivo. Los que están dentro de Venezuela dejaron de expresar sus opiniones o empezaron a usar cuentas anónimas para hacerlo, y quienes viven fuera del país pero tienen familiares adentro también se cohibieron de opinar por miedo a represalias contra sus seres queridos.
Luego del 3 de enero, muchos de los que se cohibieron han decidido opinar públicamente en contra del régimen que hoy “dirige” Delcy Rodríguez, a pesar de que estos criminales siguen persiguiendo y reprimiendo a la disidencia dentro del país.
En una palabra, la que define hoy a Venezuela en lo emocional es: esperanza.
Venezuela en lo económico
Este ha sido —precisamente— el lado más duro de la historia para los venezolanos dentro del país y donde más quejas y desesperanza hay.
Venezuela tiene una economía en crisis desde hace más de una década, porque el chavismo no solo destruyó la principal industria productiva del país, la petrolera, sino que, de lo poco que quedó de ella, se robaron los recursos. Adicionalmente, Venezuela pasó a ser una economía de narcotráfico más que una petrolera, con alianzas económicas con los regímenes enemigos de Occidente.
Los venezolanos no manejamos ningún dato oficial, porque hace muchos años el régimen dejó de publicarlos. Lo que los venezolanos tenemos para contar sobre la economía del país es la realidad: la inflación más alta del mundo, los sueldos e ingresos más miserables del mundo, la peor crisis humanitaria, la mayor dependencia del Estado y sus planes sociales, y un número gigantesco de familias que dependen de las remesas de sus seres queridos en el exterior.
En Venezuela, aunque es ilegal, el dólar es la moneda de facto. Pero la moneda de curso legal es el bolívar, un pedazo de papel que no tiene ningún valor ni respaldo económico. El venezolano ha tenido que adoptar y aprender tantas formas de pago que es imposible explicarlo a quienes viven en países desarrollados.
Los venezolanos dentro del país hablan con mucha preocupación sobre las condiciones económicas. Dicen que el precio del dólar paralelo se disparó luego de la captura de Maduro y que absolutamente todo está más caro: comida, combustible, ropa, vivienda, servicios, entretenimiento; cualquier cosa básica se ha hecho más inaccesible para el venezolano hoy que antes del 3 de enero.
También denuncian con preocupación que ninguno de los recursos que Estados Unidos ha pagado por el petróleo a Venezuela ha llegado a las personas, que el chavismo —como era de esperarse— se lo está robando todo otra vez. Dicen que nadie sabe dónde están las medicinas y la ayuda humanitaria que la embajadora de Estados Unidos para Venezuela ha mostrado en sus cuentas oficiales, con medicamentos y otros productos que no llegan a quienes lo necesitan.
Si podemos definir a Venezuela económicamente en una palabra, sería: crisis.
Venezuela en lo político
Es lamentable decirlo, pero en lo político, buena parte de los venezolanos goza de todos los vicios de la política tercermundista: admiración por un caudillo, fanatismo político, apoyo a la intervención estatal, gobiernos grandes y un amor pasional por la democracia participativa.
Miles de venezolanos pueden estar viviendo todas las desgracias causadas por el gobierno y seguir creyendo que “la solución es más gobierno”. Y si bien el venezolano se ha ido distanciando ideológicamente de la izquierda, gracias a la crisis que ha vivido, que lo ha llevado a despreciar la idea del socialismo, con el estímulo correcto —politiquería— muchos vuelven al vicio de la política tercermundista.
Desde el 3 de enero de 2026, la sociedad venezolana parece estar aún más dividida en cuanto a la forma en la que el país debería ser dirigido y los problemas actuales, solucionados. Millones creemos que Venezuela debe seguir al mando de Estados Unidos, aunque sea Delcy Rodríguez la designada por Trump y Rubio para este proceso de transición. Otros millones creen que hay que ir a elecciones lo más rápido posible.
Muchos ven con preocupación los elogios de Trump y miembros de su gabinete a Delcy Rodríguez. Incluso Trump ha reconocido públicamente que el gobierno legítimo de Venezuela hoy es liderado por Delcy Rodríguez. Confieso que a mí esas declaraciones me desagradan, al mismo tiempo que pienso que Donald Trump es así: un negociador que hoy puede lanzar flores y mañana enviar ocho helicópteros y misiles. Espero que a Delcy y al resto también les llegue su hora.
Venezuela es —en lo político— una olla a presión a punto de estallar, pero también lleva décadas siendo así. El venezolano promedio cree fervientemente que “democracia” —votar un domingo— y “libertad” son lo mismo, y confía en que un mesías político nos va a salvar de todos los problemas en los que nos hemos metido por creer en mesías.
En una sola palabra, políticamente Venezuela hoy se define con esta: desespero.
Conclusión
Emocionalmente, el venezolano está esperanzado. En lo económico, Venezuela está en profunda crisis. En lo político, los venezolanos se están dejando dominar por el desespero.
Yo solo le agradezco profundamente a Estados Unidos, al presidente Donald Trump y al secretario Marco Rubio porque desde el día uno han sido totalmente claros y gracias a ellos Venezuela logró ver el fin de Maduro, cuando nosotros mismos no pudimos lograrlo.
También quiero recordarle a los venezolanos que la razón por la que no lo logramos nosotros mismos no fue porque “no hicimos suficiente”, sino porque la cultura política tercermundista hizo que muchos le creyeran constantemente a una falsa oposición que siempre los vendió.
Dios bendiga a Venezuela, a los Estados Unidos de América y nos ilumine con capitalismo, ahorro y trabajo duro.


