Muchos creen que el tema del «Estado 51» es una «broma del presidente Donald Trump» y que «solo lo hace para provocar a la izquierda».
No lo es.
Primeras señales
Estados Unidos no capturó a Maduro el 3 de enero de 2026 por hacernos un favor, aunque —literalmente— es el mejor favor que cualquier país le ha hecho a Venezuela en nuestra historia moderna.
Tampoco lo capturó porque «quiere saquear nuestro petróleo», como ha repetido incansablemente la necia y fracasada izquierda internacional.
Estados Unidos sí tiene intereses económicos en Venezuela, también geopolíticos, y los venezolanos deberíamos estar muy contentos de que así sea, porque esa es la razón por la que Maduro y Cilia están en una celda hoy en día; Alex Saab está en una cárcel federal en Miami; Delcy Rodríguez está obedeciendo todas las órdenes de Estados Unidos, y Diosdado está encerrado en una Venezuela de la que no tiene adónde huir.
Pero la señal más clara de que Estados Unidos ve a Venezuela como estratégica y de que, muy seguramente, buscará anexarla de alguna manera a sus territorios es el plan de tres fases que Estados Unidos diseñó para Venezuela y que el venezolano debería aprenderse de pies a cabeza.
El Plan
De seguro ya estarás «cansado» de escucharlo y, si estás en Venezuela, estarás «harto del fulano plan que tiene a Delcy en el poder». Pero, si creo que el venezolano se lo debe aprender de pies a cabeza, lo voy a volver a repetir antes de decir cómo prepararse para una Venezuela con Estados Unidos.
La fase uno es la de seguridad y estabilidad: Se trata de que Venezuela no se convierta en un campo de masacre en el que los chavistas se venguen libremente de los venezolanos por lo ocurrido el 3 de enero de 2026, con los colectivos, las UBCh y los grupos terroristas que hacen vida dentro de Venezuela, aniquilando a media población. Se trata de que Estados Unidos, poco a poco, empiece a controlar cada espacio del país con presencia diplomática y militar, la CIA, el FBI y otros organismos que los venezolanos ni siquiera sabemos que existen. Se trata de que Venezuela no se quiebre en mil pedazos y, en su lugar, se empiecen a sentar las bases sociales, políticas, económicas y legales para que Venezuela tenga otra oportunidad. Esta fase, fácilmente, puede durar unos dos años o un poco más.
La fase dos es la reconstrucción y recuperación económica: Una vez que el país deje de ser una amenaza para sus propios ciudadanos y un riesgo para los inversionistas extranjeros, la idea de Estados Unidos es reactivar la industria petrolera y la de otros minerales, con el objeto de asegurarse el suministro de estos sin tener que depender de China ni del Medio Oriente. Démosle gracias a Dios que tenemos algo que ofrecer y que Estados Unidos lo quiere y lo necesita. Esta fase es la más larga: por lo menos una década.
Y la tercera fase es la de la transición a una Venezuela amigable: Aquí es donde Estados Unidos se asegura de que el poder político en Venezuela sea legítimo y no represente una amenaza para las alianzas con el país. Esto podría traducirse en unas elecciones en los siguientes dos años o en la designación de un encargado de negocios en Venezuela que trabaje directamente con el poder político, ofrezca a otros países seguridad jurídica y goce de legitimidad política dentro del país.
Ese plan, señoras y señores, tiene mucho más que ver con Estados Unidos viendo a Venezuela como un posible territorio, que con la inservible democracia tercermundista que nos ha vendido la izquierda venezolana por décadas.
Cómo prepararse
Estos cambios van a tomar tiempo, algo que, lamentablemente, algunos venezolanos no tienen y muchos otros no están dispuestos a entender, aceptar y visualizar. Pero a la realidad no le importan nuestras condiciones y somos nosotros mismos los que tenemos que conseguir mantener viva esa voluntad que dice: ¡Aguanta!
Lo primero que hay que hacer es quizás lo más difícil para muchos: dejar de escuchar a la casta política y mediática de izquierda venezolana. No solo a la que está dentro del país, sino también a la que está en el extranjero: en Colombia, España, Panamá, Florida y, en algunos casos, Texas. Todo lo que huela a venezolano de izquierda no solo no hay que tomarlo en cuenta, sino que hay que silenciarlo en nuestros algoritmos y no escucharlo nunca más.
Lo mismo deben hacer con el confeti del chavismo. Esa gente tiene sus días contados y lo mejor de todo es que ninguno sabe dónde terminará, porque eso es decisión de Estados Unidos, la DEA, la CIA, el Departamento de Estado y el Departamento de Guerra de los Estados Unidos.
Lo siguiente que hay que hacer es aprender inglés. ¿Cómo? Eso es trabajo y responsabilidad de cada quien. Cada uno de los que están dentro del país, o de los que están afuera y se quieren regresar, tiene que esforzarse por aprender el idioma del país que debe ser nuestro principal aliado y —muy seguramente— nuestro «tutor».
Quienes están dentro del país necesitan desarrollar una voluntad de acero, a pesar de las malas condiciones, a pesar de que «el chavismo siga ahí» y por muy mala que sea su situación personal. Y necesitan esa voluntad de acero para construir una disciplina inquebrantable.
¿Pasas 6, 8 o 10 horas sin luz? Vas a tener que sacarle provecho a las horas en las que sí tengas electricidad y especialmente a aquellas en las que no. ¿Problemas con el agua? Lo mismo. ¿No tienes trabajo? Pues necesitas uno o crearte uno. Suena «fresco» viniendo de mí, que vivo en Estados Unidos, pero eso fue lo que yo hice entre 2010 y 2014. Ustedes no son los únicos que han pasado penurias.
Aprendan oficios y servicios que puedan ofrecer a varias compañías o clientes al mismo tiempo, así como trabajos que puedan hacer usando una computadora. Aprendan inteligencia artificial, aunque sea para usarla de forma básica y hacer con ella las cosas que se pueden automatizar.
Piensen en qué cosas se podrían hacer en Venezuela una vez que Estados Unidos ejecute el plan y el chavismo termine neutralizado, con Venezuela camino a la libertad. Venezuela va a necesitar satisfacer muchas necesidades de personas de distintas partes del mundo.
Manténganse en contacto con todos los amigos que tienen en el exterior, especialmente con los que están en Estados Unidos. Pregúntenles qué cosas han visto allá que podrían replicarse en Venezuela. Y, si pueden, pídanles fotos, enlaces, videos e imágenes.
Y algo muy importante: en lugar de estar criticando a Estados Unidos, busquen desesperadamente una forma de trabajar con ellos o ayudar. En lugar de caer en las narrativas de la casta política y mediática de izquierda venezolana, promuevan el capitalismo, el ahorro y el trabajo duro.
Último, pero no menos importante
Estados Unidos no nos regaló el 3 de enero de 2026 por caridad, a pesar de que es —oficialmente— el país más caritativo del mundo.
Lo hizo porque tiene intereses en Venezuela, y a Dios gracias por eso. Lo hizo porque ya había estructurado un plan de tres fases que los venezolanos deberíamos seguir al pie de la letra.
Y esta es mi opinión personal, basada en la realidad y en la historia: lo hizo porque le interesa Venezuela mucho más que como simple «aliado comercial».


